
ia. Y me dormí, otra cosa no podía hacer. A las siete de la mañana, como era habitual, se toca diana. Y media hora después se forma para ir al desayuno. Había comentarios de que no había pasado nada en especial. Cuando fui a abrir el segundo escalón de mantenimiento y empezaron a llegar los sargentos especialistas, que eran de una promoción anterior a la mía, empezamos a comentar las vivencias acaecidas el día y la noche anterior. Todos me comentaban lo mismo. Por la noche se quedaron en el bar de suboficiales, no tenían otro sitio, y hasta que no salió el Rey por televisión, no durmieron ninguno. Fue entonces cuando supieron que en España no había triunfado el golpe de Estado. No obstante ningún mando les proporcionó información alguna. Vivían también en la más completa ignorancia. Durante la mañana de aquel 24 de febrero todo volvió a la normalidad. Fue una anécdota vivida en la historia de España.Un cuñado de un amigo, que era delegado sindical en la diputación, al enterarse de la entrada de Tejero en el Congreso de los Diputados, el pobre, se pasó toda la tarde y toda la noche, en el campo, perdido. No estaba localizado. También las “pasó canutas”. Anecdóticamente se supo que las centrales sindicales, días después, tuvieron que hacer multitud de copias de carnets del sindicato porque se les habían perdido a los afiliados. Eso era lo que aducían, lógicamente los propietarios de los carnets los destruían así como cualquier otro papel que pudiera comprometerlos.
Hace un par de meses, en una reunión familiar, salió la conversación del intento del golpe de estado, y fue cuando me enteré cuando mi padre me comentó que esa noche estuvo mi madre todo el tiempo llorando y rezando en el sillón por su hijo. Ya se estaba imaginando que su hijo fuera al frente y no sabía que su hijo estaba cómodamente acostado y soñando en su cama. ¡Lo que son las madres¡






